30 de abril de 2011

El Congreso, un lastre para México; su imagen y confianza, por los suelos

Por Jaime Duarte Mtz.
Consultor en Imagen y Reputación
Terminó ayer el período ordinario de sesiones del Congreso de la Unión sin avances concretos en la reforma laboral, reforma política, y Ley de Seguridad Pública. En el mismo sentido, los legisladores tampoco aprobaron a los Consejeros del IFE (un tema igualmente relevante en función de la elección presidencial del año entrante). Y es que Diputados y Senadores tuvieron tres meses para analizar, discutir y aprobar estos temas y otras importantes reformas políticas y jurídicas que le urgen al país.

Si bien es cierto que el Grupo Parlamentario del PRI fue el partido que, en ambas Cámaras, impidió la concreción de tales reformas, la realidad es que la opinión pública juzga al resto de los partidos como igualmente culpables de la "parálisis" legislativa. Y es que desde hace ya varias legislaturas atrás, el Congreso nada más no se pone de acuerdo en hacer caminar las llamadas reformas estructurales (agreguemos igualmente la energética y la fiscal).

"Nuestros queridos" políticos "viven en otro planeta", "no tienen prisa", "solo piensan en sus propios intereses", "se la pasan peleando", son comentarios ciudadanos que se leen y escuchan en los medios todos los días y en todas partes. Además, agregan, "ya están pensando en qué hueso agarrar para las elecciones entrantes".

Y así, los problemas en México se acumulan y acumulan, crecen y crecen sin fin.

Se entiende mejor por qué los partidos y diputados siguen ocupando los últimos lugares en credibilidad y confianza en México (de acuerdo con el "Índice de Confianza en las Instituciones", encuesta realizada desde 2004 a la fecha por la empresa Mitofsky).

Pero no únicamente la opinión pública y el ciudadano de a pie descalificamos los nulos resultados de los legisladores, también reprobamos sus métodos ineficientes y procedimientos insensibles. ¿Por qué?

Por ejemplo, en el Senado de la República, durante las discusiones de la reforma política, diversos medios publicaron fotografías de senadores viendo películas y fotos en su iPad, o bien, fueron pillados haciendo uso de su celular. Es decir, dieron muestras de no estar atentos a las discusiones o de no importarles el tema. Asimismo, fue evidente su contradicción e incongruencia en esta misma semana, al señalar en el dictamen de dicha reforma su disposición a darle mayor poder al ciudadano, pero ¡soslayaron más de 4 millones de firmas de ciudadanos que expresaron su rechazo a los candidatos "plurinominales"!

A esto sume usted los manjares que degustaron mientras discutían las reformas, lo cual comunica insensibilidad hacia los que menos tienen. ¡Ah! Sin olvidar el desembolso de 3 mil millones de pesos por una nueva sede ¡que no funciona y que pagamos de nuestros impuestos!

Y en cuanto a lo que pasó en el palacio Legislativo de San Lázaro, ayer los diputados del PAN y PRI encabezaron un duelo de mantas, donde los primeros acusaron al tricolor de frenar las reformas y, los segundos, denostaron al presidente Calderón por la pobreza, el desempleo y los asesinatos violentos en su sexenio. La TV y la prensa nacional mostraron cómo, entre gritos y desorden, cada bancada desplegó sus gigantescas mantas.

Y existen muchas, muchas más evidencias de su incompetencia general; ya ni quién quiera acordarse  de los shows y circo protagonizados en la "máxima triubuna de la Nación" por los petistas y perredistas (seguidores de López Obrador) y de su "bufón", Gerardo Fernández Noroña.

En fin... se abre ahora un lapso de cuatro largos meses para que, en el siguiente periodo legislativo de septiembre, los Diputados y Senadores retomen todos los pendientes que dejaron; ya veremos si existe o no la voluntad política para sacarlos adelante, cuando ya algunos de ellos habrán solicitado licencia para buscar algún cargo de representación popular y enfilado sus baterías para participar en la elección presidencial de 2012.

Los ciudadanos no debemos permanecer solo como espectadores, en necesario estar bien informados, opinar y participar activamente pues, a fin de cuentas, somos realmente los "patrones" de los políticos y México es nuestro hogar.

¿Qué opina y siente usted al respecto?

(Fotos de los diarios Reforma y Excélsior)

22 de febrero de 2011

LA REPUTACIÓN, ESCUDO IMAGOLÓGICO DEL PODER ANTE EL ESCÁNDALO POLÍTICO

La imagen, la marca personal, la popularidad, la gobernabilidad y el escándalo en los gobiernos de Fox, Lula, Piñera, Castro, Chávez, Uribe, Clinton, Berlusconi, Nixon, Reagan y Obama.*

por Jaime Duarte Mtz.
@JaimeDuarte
www.jaimeduarte.com.mx

Imagine por un instante que usted acaba de ser electo presidente de la República. Ganó con un estrecho margen; convenció hasta los más escépticos. Goza de un alto prestigio y reconocimiento público en las encuestas no sólo en su ciudad de origen, sino en toda Latinoamérica dado su carisma e impecable trayectoria profesional y laboral. Tiene una linda familia y hermosa esposa. Todo marcha de maravilla en su gobierno, no enfrenta grandes sobresaltos; nada complicado qué resolver. Pero un día la prensa publica en la primera plana de los diarios una nota reveladora y ¡demoledora!: una fotografía íntima suya, explícita, ¡con otra mujer! La evidencia es irrefutable y le lleva a la Opinión Pública a cuestionarle seriamente su integridad personal, su fidelidad a su cónyuge y su honorabilidad como autoridad. La oposición lo hace trizas. La foto le fue tomada por un “amigo” suyo en una reunión privada y en estado de ebriedad, siendo usted ya mandatario en funciones. ¡Ni siquiera se acordaba! ¿Qué hará usted ahora? ¿Cuál será su futuro?

Para comprender brevemente algunos casos positivos y negativos de líderes o ex líderes políticos en América y Europa cuya conducción personal traspasó su esfera privada e irrumpió en la dimensión pública -por motivos de diversa índole- conviene hacerlo bajo el tamiz de seis elementos esenciales, muy estrechamente vinculados entre sí:

1. La gobernabilidad y la popularidad como retos y anhelos del líder político
Uno de los mayores retos de las democracias jóvenes y maduras lo constituye, sin duda, el garantizar la gobernabilidad y la gobernanza de los Estados. Al mismo tiempo, una de las pretensiones de los gobernantes lo es el contar con el apoyo de sus ciudadanos, dirigido este no solo a respaldar favorablemente sus respectivos programas, políticas y acciones de gobierno, sino también a evaluar positivamente sus personas. En otras palabras, “gobernabilidad” y “popularidad” son hoy, por tanto, binomio y sinónimo de éxito político en el mundo occidental; aspiración legítima de todo Jefe de Estado o de Gobierno. Pasar a la historia como un verdadero “estadista” es el sueño de todo mandatario.

Vicente Fox logró vencer un régimen antidemocrático de 70 años en el poder en México, pero no fue un estadista. Alcanzó niveles envidiables de aceptación como persona dado su carisma (bajó un poco al final de su mandato), pero fue reprobado como gobernante. Pensaba que el ser apreciado por la ciudadanía era sinónimo de buen gobierno; se equivocó. Lula, en cambio, sí es considerado un estadista por los resultados que logró en Brasil. En regímenes dictatoriales como Cuba y Venezuela, la gobernabilidad está asegurada por ahora de manera coercitiva y la popularidad de Raúl Castro y Hugo Chávez va en franco descenso. Populismo y popularidad no son lo mismo.

2. La imagen pública del gobernante como pieza relevante en el ejercicio del poder
Síntesis de otras materias como el marketing, la publicidad, la neurociencia y la psicología, entre otras, y definida por algunos como “percepción compartida que provoca una respuesta colectiva unificada”,[i] la Imagen Pública es hoy una novedosa disciplina al servicio de las personas, marcas, productos, instituciones o países que pretendan manejar adecuadamente su comunicación. Por ende, no es un asunto frívolo o una moda; se trata de una poderosa herramienta que diseña estrategias perceptuales inteligentes las cuales guían al político, por ejemplo, a convencer mejor a sus gobernados. Sea verbal o no verbal el mensaje enviado por el gobernante –donde éste último tiene una eficacia del 93%- lograr una imagen cercana, atractiva, exitosa, triunfadora, popular, etc., fortalece su capacidad de influencia, persuasión y autoridad moral en el ejercicio cotidiano del poder. La imagen construye reputaciones con el tiempo; logra distinción y aceptación también.

Barack Obama logró lo increíble: ser el primer presidente de raza negra de Estados Unidos e impactar al mundo gracias a su magnetismo natural, dotes de orador, telegenia en los medios y estupendo lenguaje corporal; imágenes combinadas que hicieron de él un paradigma y gigante mediático global[ii].

3. La “marca personal” del mandatario ligada a la marca exitosa de su país
El líder político deja impresa su marca o huella personal de forma indeleble en la mente del público (el nuevo campo de batalla imagológico). Así, detrás de su nombre, promesa e imagen pública como self-brand, existe una personalidad única que reúne valores, creencias, capacidades… y está llamada a cubrir necesidades, valores o aspiraciones; demandas justas de sus gobernados. En consecuencia está obligado a gestionarla.[iii] Pero de forma simultánea su marca política influye en la imagen y marca de su país, y es reflejo de ésta también. Si su Estado está posicionado de manera positiva en el mundo -por su cultura, territorio, leyes o población- su gobierno y persona se verán beneficiados en consecuencia, aunque por fortuna no necesariamente ocurre lo contario en la realidad: el que una pésima imagen y opinión de un gobernante en el exterior dañe la percepción pública de la “marca país” (su nación). La gente sabe separar a un bello país de su mal gobierno.

Sebastián Piñera entendió perfectamente esta simbiosis y logró, con su respaldo y presencia pública en el rescate de los 33 mineros, no solo aumentar su popularidad política de manera impresionante, sino unir a Chile, ponerla de nuevo en el mapa mundial y meterla en el corazón de la humanidad. Aunque la situación es distinta, la popularidad de Lula Da Silva al dejar el poder (con un 87%) va de la mano con el éxito económico de Brasil, percibido como la primera potencia de América Latina. Guste o no, la imagen pública de Lula es aún enorme. Y ¿qué decir de Álvaro Uribe? En casi diez años que logró asestar golpes a las FARC y reducir la inseguridad,  aumentó el número de turistas y divisas en Colombia. Su campaña de marca país “Colombia es Pasión” contribuyó en gran medida a mejorar la percepción de su nación a los ojos del mundo.

4. El escándalo mediático como destructor de la credibilidad y la confianza, erosiona el poder
Sin embargo, en la noble tarea de lograr el bien común de sus gobernados y el fortalecimiento de su propio liderazgo político, las autoridades se ven envueltas con relativa frecuencia en escándalos mediáticos de distinta naturaleza que no únicamente ponen en duda su credibilidad y vulneran la confianza ciudadana, sino que de paso debilitan las instituciones oficiales que representan y llegan a amenazar, incluso, la misma estabilidad y seguridad nacional estatal. Si bien es cierto que algunos mandatarios logran enderezar el barco del país –no sin grandes esfuerzos y elevados sacrificios para su pueblo- no muchos de ellos consiguen al final recuperar su popularidad o restaurar su imagen pública inicial. Sus debilidades o transgresiones morales provocadas por sexo, dinero o poder[iv] terminan igualmente por dañar su marca personal y minar, poco a poco, el respeto a su investidura presidencial.

Dentro de los escándalos políticos sexuales podemos señalar el caso de William J. Clinton con Monica Lewinsky como el más sonado, pero recientemente también los del primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, con “sus mujeres”. Clinton salvó su gobierno y su matrimonio porque públicamente pidió perdón y su país se lo aceptó. Il Cavaliere, pese a sus excesos, mantiene una popularidad de casi el 50% (otras encuestas le dan hasta el 60% de aceptación), que hace suponer que no ofrecerá disculpas a su país liberal ni al Papa ni tratará de reconciliarse con sus ex esposas. No obstante Roma ni Washington son iguales, Berlusconi no podrá evadir en su momento el juicio moral, legal o electoral en las urnas.

Respecto a los escándalos en Estados Unidos está el Whitewater en el ámbito financiero, pero por su magnitud en el tema del poder sobresalen el Watergate que lleva a Richard Nixon a renunciar a la presidencia, y el Irangate en el que Ronald Reagan vio disminuida su popularidad tras ocultar la verdad en la venta de armas a Irán (del 67% al 46%), pero volvió a recuperarla tres años después (con el 64%).

5. La Opinión Pública ejerce, con los medios y la oposición, una “presión psicosocial” sofocante
Más aún, la vigilancia permanente e implacable de su actuación pública y privada por los medios de comunicación con sus rápidos, versátiles y revolucionados tentáculos tecnológicos, sumada a una sociedad civil más demandante y organizada, a una Opinión Pública[v] más atenta, crítica o exigente, y a una oposición dispuesta a no perdonar cada error de su rival, obliga a los “emisores” de la élite del poder, los gobernantes, a revisar y cuidar con más énfasis su conducta privada y ética personal. El mandatario está -dada su investidura y significado simbólico- dentro de una enorme caja de cristal (a modo de “Big Brother”) vigilado las 24 horas del día por cámaras y micrófonos listos para grabar todos y cada uno de sus movimientos. Millones de ciudadanos convertidos en paparazzis indiscretos, azuzados por líderes de opinión con y sin escrúpulos, están a la caza de ese audio o video comprometedor que eleve el tiraje o rating de sus medios. El escándalo mediático, magnificado por el “cuarto poder”, es un modo alternativo de socavar el poder ejecutivo, seducir, chantajear y… ¡vender!

¿Qué tal el terremoto político internacional provocado por Wikileaks? El “terrorismo informático” de una sola página web golpeó severamente la popularidad y el liderazgo “inmaculado” de Obama, sacudió la estructura de inteligencia estadounidense, cuestionó la política exterior de la Casa Blanca e irritó a los mandatarios ¿amigos? de Hillary y Washington. ¡Todo un acontecimiento mediático desnudó al país más poderoso del planeta! Y el show no ha terminado todavía.

6. La “reputación política”: escudo imagológico y arma moral de todo gobernante
Así como en el último decenio registramos en las empresas la creciente ola de la “reputación corporativa”,[vi] interesada esta en ver más allá del aspecto monetario inmediato, o sea, enfocadas ahora a “generar confianza” en el cliente, en el mundo de la política se hace urgente retomar este concepto para recuperar, primero, la confianza ciudadana al ir más allá de los propios intereses partidistas y, segundo, fortalecer la imagen pública de la clase política dominante en su conjunto; en otras palabras, resarcir la “marca personal” de los gobernantes y posicionar mejor en el mundo la “marca país”. La “reputación política”, entonces, al tener su asiento en el valor esencial (bien ser), el valor funcional (bien útil), el valor emocional (bien afectivo), y el valor social (bien hacer), forma un núcleo compacto que sirve de sustento del poder y defensa política contra todo tipo de amenazas provenientes de la oposición o de los medios de información. La Opinión Pública es finalmente atraída y rendida ante los mandatarios porque quienes están a la cabeza del gobierno son ahora personas con sólidas bases morales, invulnerables a los escándalos; cumplen sus compromisos de gobierno o promesas de campaña; son competentes en su labor y gestión; son humanos en el ejercicio público, y se ganan el afecto y estima de los ciudadanos. La fama, en una palabra.

Comunicadores, imagólogos, publicistas, mercadólogos y encargados de relaciones públicas, tenemos la enorme responsabilidad de prestar un servicio profesional útil a los hombres y mujeres del gobierno con el fin de velar por el prestigio, la credibilidad y la reputación de las personas, las autoridades públicas y las instituciones aunque no siempre tengamos la necesidad de atender crisis coyunturales ocasionadas por líos de faldas, corrupción o abusos de poder. Trabajar por construir marcas personales, institucionales y de países, reputadas y poderosas, considero que debe ser parte sustantiva de nuestra misión.


[i] Víctor Gordoa, El poder de la imagen pública, Ed. Edamex, México, 2002.
[ii] Recomiendo consultar: Rupert L. Swan, El método Obama. Las 100 claves comunicativas del hombre que ha revolucionado el mundo, Ed. Random House Mondadori, Barcelona, 2009.
[iii] Roberto Álvarez del Blanco, Tú Marca personal, Ed. Pearson Educación, Madrid, 2008.
[iv] Una magnífica obra que explica muy bien el escándalo como fenómeno digno de estudio es la de John B. Thompson, El Escándalo político, Ed. Paidós, Barcelona, 2001.
[v] El término “presión psicosocial” es usado por Raúl Rivadeneira Prada, en La Opinión Pública, Ed. Trillas, México, 1976.
[vi] Justo Villafañe, La buena reputación. Claves del valor intangible de las empresas, Ediciones Pirámide, Madrid, 2004. Asimismo, recomiendo conocer los trabajos de gestión realizados por el Reputation Institute: www.reputationinstitute.com


* Artículo publicado en la revista Imagen y Comunicación
febrero 2011, República del Perú, bajo el titulo "El efecto de la vida personal en la imagen pública: casos de presidentes y ex mandatarios". Ver la revista en PDF:

4 de febrero de 2011

El trágico proyecto del obispo Samuel Ruíz García

Fuente: Reflexión Semanal, Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPOS), 31 enero 2011. www.cepos.org.mx

Por Federico Müggenburg

El lunes 24 de enero de 2011 murió el obispo Samuel Ruiz García, la figura más emblemática de la disidencia eclesiástica en México, después del obispo Sergio Méndez Arceo. La determinación con la que ordenó, que una vez fallecido, de inmediato se le trasladara a la catedral de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, para ser expuesto al reconocimiento de los pobladores, marca la intención definitiva de ser recordado por sus cuarenta años al frente de esa diócesis, e identificado como el propulsor de un “proyecto” de “iglesia ideologizada” que nunca correspondió a la naturaleza y realidad que quiso su fundador, Cristo Jesús, y desde San Pedro su vicario, y los Papas que le han sucedido sin interrupción, preservándola en la fidelidad e identidad histórica hasta el final de los tiempos.

Las expresiones más características del proyecto samueliano, de sus inspiradores, operadores y protectores abiertos y encubiertos, se configuran en tres postulados: “teología india”, “iglesia autóctona” y “sacerdocio uxorado”. Es necesario reconocer y señalar los antecedentes que le sirvieron de base: el proyecto de la “iglesia diaconal” de Iván D. Illich Regenstreif, publicado en 1967, luego el proyecto de la “iglesia sin parroquias” de Andrés Aubry, publicado en 1973, hasta llegar al propósito actual de la “iglesia autóctona”, remotamente iniciado en 1975, presentado con gran formalidad en 1993. El fruto (amargo) más notable de ese proyecto ha sido la demoledora caída de los bautizados de la diócesis con una evidencia brutal, al haber pasado de un histórico promedio de 3% desde enero de 1960, cuando llegó Samuel Ruiz, hasta el año 1986, cuando empezó la debacle, hasta alcanzar al 33% de no bautizados en enero del año 2000.

La pregunta ante un drama tan evidente es: ¿Cómo fue posible que un “pastor” perdiera la tercera parte de sus ovejas en un período tan corto? Y la respuesta es muy clara. Cuando se confía en las “propias fuerzas”, el posible éxito o fracaso de la misión evangelizadora y no en la acción del Espíritu Santo, se multiplica y agranda el error. Haber recurrido a explicaciones sociológicas, antropológicas, estructuralistas y antisistémicas ideologizadas, llevaron a un fracaso tras otro, hasta el extremo de buscar la justificación con un “modelo nuevo”, que supuestamente se funda en el Concilio Vaticano II, aunque realmente lo es en la vertiente de la “hermenéutica de la ruptura”, como oportunamente explicó Benedicto XVI en las vísperas de Navidad del año 2005. Aquí no se trata de una argumentación a título personal. Esto fue perfectamente identificado por la Santa Sede, a través de la Congregación de los Obispos, cuando en 1993 le pidió por carta surenuncia anticipada a Samuel Ruiz, pero el se negó, amenazando con la posibilidad de un cisma eclesiástico de más de treinta obispos en América Latina. Párrafo significativo de la carta firmada por el Cardenal Bernardin Gantin dice: “Por consiguiente se subraya la absoluta imposibilidad de parte de la Santa Sede, de consentir que en San Cristóbal de las Casas continúe una situación doctrinal y pastoral que se considera en abierto contraste con lo que exige la unidad de la Iglesia”. La realidad de la decadencia de la diócesis, se demuestra con el hecho de que en sólo 12 años, de 1993 a 2005, se hayan celebrado cinco Reuniones Interdicasteriales en Roma, para atender los problemas, sentando con ello un hito histórico en esta modalidad. Además le han enviado diversas cartas al Obispo sucesor de Samuel Ruiz, de las que tres se han hecho públicas, ofreciéndole las orientaciones, apoyos y ayudas necesarias para resolver la tragedia diocesana, sin que parezca hayan surtido efectos positivos hasta la fecha.

Son quizá dos documentos los que más claramente muestran la posición heterodoxa del proyecto samueliano, la pastoral titulada “En esta hora de Gracia”, del 6 de agosto de 1993, causante de la Primera Interdicasterial y el Manifiesto titulado “El Grito de Riobamba”, fechado el 30 de agosto de 1998. Entre las instituciones generadas por la evidente heterodoxia están la “implantación” de dos modelos de “iglesia autóctona”: uno en Ocosingo, ejecutado por los dominicos y el otro en Bachajón, operado por los jesuitas, que compiten en eficacia demoledora.

Otro signo muy claro de la agresiva disidencia ocurrió en enero de 1999, cuando después de conocer la respuesta de Juan Pablo II a los reporteros que lo acompañaban en el vuelo a México, para entregar a los pies de la Virgen de Guadalupe la Exhortación Apostólica “Ecclesia in América”, fruto del Sínodo Extraordinario para América, el Papa afirmó: “Hoy se piensa mucho en sustituir la teología de la liberación por la teología indígena, que sería otra versión del marxismo”. Samuel Ruiz y sus corifeos citaron a una conferencia de prensa para “aclarar” que “por razones de estática en el vuelo no se entendió bien, en realidad lo dicho fue: Sustituir la teología de la liberación por la teología indigenista sería una mala traducción del marxismo” (sic).

Durante los variados actos fúnebres han caído una avalancha de comentarios, declaraciones y escritos que colocan al difunto obispo Samuel Ruiz, en la máxima exaltación de los paganos globalifóbicos y altermundistas quienes desde hace unos años promueven que “otro mundo es posible” y han añadido por voz de los disidentes y renegados, que “otra iglesia es posible”, haciendo referencia a la “iglesia autóctona” por ellos anhelada. Efectivamente es “otra” distinta a la “Santa Iglesia, Católica, Apostólica y Romana”, cuya cabeza visible en el Primado de Pedro, hoy es Benedicto XVI.

31ENE11 RS367

22 de enero de 2011

CALDERÓN PIDE DAR BUENA IMAGEN

Excélsior, 22 enero 2011.


Ivonne Melgar


El Presidente Calderón pidió hablar de las cosas buenas que ocurren en el país, porque "a fuerza de puras malas, malas, malas estamos haciendo un efecto de demolición del ánimo nacional".


En Ixtapan de la Sal, el mandatario aseguró que esto afecta la economía del país. Prueba de ello es que 70% de los mexicanos cree que seguimos en crisis, dijo.


"Yo no digo que se oculte lo malo, sino que se hable equilibradamente", pidió.


http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=706697

6 de enero de 2011

PIDE SRE RECUPERAR IMAGEN DE MÉXICO


La 22 Reunión de Embajadores y Cónsules contará con la participación de funcionarios del Gabinete de Seguridad

Fuente: Ariadna García, Reforma, 6 enero 2011.

Ciudad de México  (6 enero 2011).- La Secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, pidió al cuerpo diplomático de México acreditado en el exterior velar porque la imagen del País se recupere frente al mundo.

Al inaugurar la 22 Reunión de Embajadores y Cónsules, la Canciller les pidió hablar de la nación con la realidad que le corresponde.

Debe existir, dijo, una mayor difusión y comunicación sobre lo que pasa en nuestro País y las acciones que se están tomando.

La confidencialidad de la información es importante, añadió, pero los tiempos han cambiado y ahora debe conocerse lo que se hace.

"Ello conlleva nuevos deberes, entre estos una mayor apertura y transparencia y también nuevas tareas, pues hoy más que nunca parece cierta la sentencia filosófica de que ser es ser percibido. Lo que se hace y no se comunica no existe para la sociedad", señaló.

Espinosa detalló que México es una nación que enfrenta problemas de pobreza, desigualdad, delincuencia y rezago educativo, pero, apuntó, estos deben ser vistos como retos que hay que enfrentar.

El acto se realiza en la sede de la SRE a puerta cerrada y contará con la participación de distintos secretarios de Estado, particularmente los del Gabinete de Seguridad, así como legisladores y académicos.

8 de noviembre de 2010

MÉXICO, PERCIBIDO MÁS CORRUPTO, MENOS PRÓSPERO Y DEMOCRÁTICO EN 2010

Por Jaime Duarte Mtz., consultor en Imagen y Reputación


> Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2010 de Transparencia Internacional, nuestro país pasó del sitio 72 al 98 de 178 naciones; en 2009 obtuvo un 3.3 de calificación y ahora un 3.1, en una escala del uno al diez. Somalia es el más corrupto y Dinamarca la nación menos corrupta del mundo.
Ver puntuación completa:

> Respecto su calificación de acuerdo con el Índice de Prosperidad del Instituto Legatum del Reino Unido, México bajó cuatro lugares con respecto al 2009; pasó del lugar 49 al 53 entre 110 países. Noruega ocupa hoy el primer lugar y Zimbawe el último.
Puede consultarse en: http://www.prosperity.com/

> Y sobre el Índice de Desarrollo Democrático de América Latina de la fundación Konrad Adenauer, nuestra nación cayó del lugar 5º al 7º, en parte debido a la "narcoviolencia".

28 de febrero de 2010

"CONFIANZA", RETO IMAGOLÓGICO Y REPUTACIONAL DE LA CLASE POLÍTICA MEXICANA


La élite política mexicana enfrenta hoy el triple desafío de recuperar la confianza ciudadana, convencer a la opinión pública de sus aciertos y mejorar la imagen de México en el mundo, pues lo que está en juego no es sólo su permanencia en el poder sino la propia estabilidad y viabilidad del país.

Por Jaime Duarte Mtz.
Analista sociopolítico y Consultor en Imagen y Reputación

La imagen deteriorada del poder
Ya no es noticia que diversos estudios de opinión pública en México han venido dejando muy en claro en el último lustro el vergonzoso nivel de desconfianza y percepción negativa de la ciudadanía hacia los partidos políticos y los diputados. Asimismo, tampoco es sorpresa que investigaciones demoscópicas de empresas como Mitofsky[1] que año con año desde 2004 hasta la fecha miden la evolución de la percepción pública de las instituciones mexicanas, o bien, de ONG’s como la chilena Corporación Latinobarómetro[2] cuya encuesta se aplica anualmente a alrededor de 19,000 personas en 18 países de América Latina –y representa a más de 400 millones de habitantes--, coincidan abrumadoramente en ubicar a la clase política en los últimos lugares de credibilidad.
En febrero pasado, la empresa BGC, Ulises Beltrán y Asociados publicó los resultados de su encuesta relativa precisamente al tema de la confianza en las instituciones, donde por enésima vez los peor calificados fueron los senadores y diputados, precedidos de los partidos, los sindicatos, movimientos de protesta social, la policía judicial y el Gobierno (en general). Todos estos actores en los últimos seis lugares de la tabla.[3]
El problema con la falta de confianza de los ciudadanos hacia sus gobernantes –aludo a lo que decía años atrás Francis Fukuyama en su libro Trust respecto a la presencia fundamental de este valor en cualquier relación humana o de negocios—, es mucho más serio de lo que parece: Lo que subyace en el fondo es una potencial crisis de gobernabilidad que tarde o temprano podría derivar en un escenario indeseable de inestabilidad política-social por desacato a la autoridad. Ello, sin olvidar también la dificultad por superar el creciente abstencionismo electoral y elevar el bajo nivel de participación ciudadana en distintos ámbitos de desarrollo.
El aumento a los impuestos, productos básicos y a la gasolina en el marco de la crisis económica nacional; la exacerbación de la violencia producto del combate al narcotráfico, sumada a la incesante ola de ajusticiamientos por parte de la delincuencia organizada; el brote epidemiológico de la influenza; el crecimiento del desempleo y de la pobreza, y los miles de damnificados como resultado de las inundaciones en varios estados del país, entre otros acontecimientos recientes, refuerzan la creencia mental en la población de que sus autoridades políticas en sus distintos órdenes de gobierno les han fallado una vez más al no poder resolver dichos problemas (prevenibles varios de ellos). Más aún, el sentimiento que aflora fácilmente en las conversaciones de café es de coraje, de rabia y desilusión. En fin… ¡desconfianza y hartazgo! en pocas palabras.[4]
La sensación desesperanzadora de que el país no avanza y que está atascado en medio de la corrupción social, de los desacuerdos políticos, de la división y disputa partidista en este año electoral, es cada vez más fuerte. No se ve, ahora mismo, posibilidad de mejoría.
Consciente de esta difícil situación, el pasado 10 de febrero algunos diarios nacionales informaron que la Presidencia de la República y la Cancillería solicitaron en una misiva a un grupo de consultores presentar proyectos de estrategias de comunicación para “rehabilitar y mejorar” la imagen del gobierno federal en el extranjero, debilitada como resultado de la inseguridad, el narcotráfico y el crimen organizado.[5]
Los errores imagológicos del poder
Sumada a la triste realidad nacional citada se encuentran los equívocos de la élite del poder federal, estatal y municipal, mismos que oscurecen más el panorama. Si estos “buenos” o “malos” políticos desean recobrar su prestigio y, por supuesto, recuperar la credibilidad ciudadana, es necesario que primero identifiquen sus propios errores y actúen en consecuencia antes de contratar, diseñar y ejecutar cualquier estrategia de comunicación que a la postre resultará infructuosa. Porque maquillar cifras, fingir optimismo, mantener la opacidad, negar la realidad o distraer a la Opinión Pública ya no es suficiente en el México actual, práctica común en el pasado.
La “mentalidad de teflón” que distingue la psicología del mexicano, al olvidar rápidamente las injusticias o atropellos realizados en su contra, le brinda sin embargo la oportunidad a la clase política de tratar de enmendar el camino. Ya veremos…
Desde mi perspectiva es factible advertir tres fallas graves perceptuales por parte de los hombres y mujeres en el poder: 1. errores de identidad (ser), 2. errores de actuación (hacer) y 3. errores de comunicación (parecer).
1. En torno a las pifias de identidad hay que señalar las pretendidas alianzas electorales en algunas entidades del país. ¿Por qué? La alianza electoral entre el PAN y el PRD, “el agua y el aceite”, no ha sido bien vista por sus propios líderes morales o históricos ni tampoco por la opinión pública ni los líderes de opinión. A más de un panista le salen “ronchas” por el sólo hecho de pensar en votar por un partido que en 2006 postuló al “Peje” (“un peligro para México”) e impulsa el aborto, la homosexualidad y la adopción de niños por éstos. Es decir, a los ojos de la gente este pacto político presenta más dudas y temores, como la idea de que sólo se busca el poder por el poder mismo (como ha manejado astutamente el PRI en los medios). La confusa renuncia del secretario de Gobernación al PAN por esta causa le resta fuerza al blanquiazul en términos de percepción (por la imagen de división o desunión al interior del Gobierno y del partido). Las declaraciones discordantes de Fox, Espino y otros panistas refuerzan esta tesis, como lo expresado por el Ing. Cárdenas. La gente no entendió realmente qué pasó con Gómez Mont.
2. Respecto a los equívocos en la actuación de los poderosos existen varios ejemplos, mismos que van desde la renuncia de “Juanito” en la Delegación de Iztapalapa hasta el desliz del Presidente cuando acusó falsamente a los jóvenes asesinados en Ciudad Juárez de estar ligados a la delincuencia. Entre este y el primer hecho resaltan otros tantos sucesos como la difusión de las jugosas dietas de los diputados federales y sus largas vacaciones de diciembre y enero; antes, la grosera conducta del Diputado Fernández Noroña ante el secretario del Trabajo; la renuncia de las diputadas “juanitas” para ceder su curul a sus suplentes varones; la percepción de subordinación del secretario de Educación ante la “profesora” Gordillo; la defensa perredista del Sindicato Mexicano de Electricistas y de su líder Esparza, con sus varias marchas que desquiciaron el tránsito bajo el permiso de Ebrard; la falta de previsión de las autoridades capitalinas ante las lluvias que pudo evitar mayores daños; el atentado contra Salvador Cabañas, en un horario de operación del bar fuera de lo permitido; los sueldos ofensivos de los ministros de la SCJN; el debate en torno a la aprobación del matrimonio entre homosexuales y los insultos de legisladores del PRD al Cardenal Rivera, etc., etc.
3. El último error en la comunicación consiste en el envío de mensajes confusos, disonantes e incoherentes. Por ejemplo, el intento de desaparecer la Secretaría de Turismo y su posterior confirmación; el spot del Senado de la República –ya retirado—donde un hombre clama por trabajo y una mujer busca con frenesí a un médico; el viaje del gobernador del Estado de México a Roma para anunciar al Papa su enlace con “la gaviota”, que connotó un gasto excesivo en viáticos y comunicación; la negación del PRI de aprobar la reforma fiscal del Presidente y sus negociaciones con Gómez Mont para evitar una alianza electoral PAN-PRD en Oaxaca; la declaración inicial de la PGR respecto a que no atraería el caso de los jóvenes asesinados en Cd. Juárez y el viaje posterior del presidente Calderón a la ciudad, como la renuncia del secretario de Seguridad Estatal a su cargo justo el día de la masacre juvenil para lanzarse como candidato a gobernador, y el clima de zozobra en Reynosa provocados por las bandas de narcos negado por su Alcalde, entre otros.
La imagen deteriorada de México en el exterior
Como es posible apreciar, todos estos elementos negativos mencionados --sumados a los problemas endémicos o estructurales que acumulamos a lo largo de varias décadas en México--, terminan por dañar la percepción que se tiene de nuestro país como un país seguro para la inversión y el turismo internacional.[6]
De acuerdo con el Ranking Anholt-GfK de Marca País 2009, una encuesta realizada por Simon Anholt y la firma GfK Roper Public Affairs & Media[7] aplicada desde 2005 a más de 20 mil personas en 20 naciones para conocer su percepción acerca de 50 países del mundo, ubica a México en el lugar 28 de la tabla, es decir, dos sitios abajo que en 2008 (cuando ocupaba la posición 26).[8] Brasil y Argentina lideran hoy en la región de América Latina en dicho índice, al situarse en los números 20 y 23, respectivamente. Estados Unidos encabeza el índice internacional como Marca País, es el número 1, mientras que Irán está al final en el sitio 50.
En efecto, requerimos hacer grandes esfuerzos como nación para restaurar la devaluada “marca México”, responsabilidad que no sólo compromete a un grupo de consultores privados en imagen y a nuestras autoridades en sus distintos niveles de gobierno, sino a la sociedad en su conjunto. Será este un largo proceso que seguramente nos tomará varios sexenios o generaciones, no sin antes superar la propia apatía e indiferencia social y vencer la resistencia de grupos antagónicos de toda naturaleza que se oponen al cambio, a la paz y a la modernidad del país.[9]
Un ejemplo internacional de lo que significa pasar gradualmente de una percepción sumamente negativa a una imagen pública positiva lo es Colombia. El término “colombianización” se posicionó mucho tiempo en la mente como un concepto que significaba inestabilidad política y violencia debido a sus problemas internos con la guerrilla de las FARC y el narcotráfico. Nadie quería visitar el país ni invertir un peso en él. No obstante, tras un duro empeño por atender realmente esta problemática (que va desde la captura del capo Pablo Escobar Gaviria hasta la liberación de la ex candidata Ingrid Betancourt), acompañada de la campaña de imagen, comunicación, marketing y relaciones públicas denominada “Colombia es Pasión”, el país comenzó a modificar la mala fama que bien se ganó.[10]
Nuevas iniciativas cívicas contra los políticos
En este clima de insatisfacción social surgen como reacción, cada vez con más y más fuerza, distintas iniciativas cívicas que exigen un golpe de timón, un cambio de actitud y de dirección por parte de los actores que dirigen el rumbo de la Nación. Entre esas voces irreverentes que cuestionan de manera crítica cada decisión errada de los hombres del poder y en el poder, encontramos, por ejemplo:
Movimiento ¡Ya bájenle![11] cuyos principales impulsores son Denise Dresser y Sergio Aguayo, quienes exigen cambios a la Constitución a fin de garantizar más recursos públicos a la educación en vez del dinero destinado a los partidos.
Lupa Ciudadana [12], iniciativa del historiador Enrique Krauze de dar seguimiento puntual a las acciones del Ejecutivo y Legislativo.
Asamblea Nacional Ciudadana[13], promotora del voto nulo o “voto en blanco”.
Movimiento #Internet Necesario[14], de la red social Twitter, porque logró retirar el 3% del impuesto especial a las redes de telecomunicaciones en México luego de presionar a las autoridades correspondientes y a líderes del Senado.
Campaña Somos los Patrones[15], que considera a los políticos como empleados de los mexicanos.
Evolución México[16], organización cívica que coordina Tatiana Clouthier; realiza un “marcaje personal al Congreso” bajo la idea de “adoptar un diputado” y denunciar a malos funcionarios públicos.
Movimiento de “No a los pluris”[17] y “Revolución del intelecto” bajo la iniciativa del conductor Pedro Ferriz de Con, quien pretende eliminar a los legisladores plurinominales (cuenta con la adhesión de más de 500,000 personas a su causa).
Como notamos, todas estas expresiones difieren del movimiento urbano-popular de la izquierda radical, y tienen el propósito común de poner un alto a los excesos de los partidos políticos o a la denominada “partidocracia” en el poder; ello, sin mencionar el constante asedio y seguimiento que los medios y los líderes de opinión hacen ya sobre los políticos de todos los partidos.
La reputación, clave para recuperar la confianza ciudadana
Un valor destacado en este proceso de restauración del valor personal del político y de la política, lo es la “reputación”. La reputación, asociada al prestigio, fama u honor, es un valor intangible estrechamente ligado a la confianza y a la credibilidad, más comúnmente utilizado hoy en el ámbito de los negocios.
Clemente Vera, consultor de Factor Intelectual, define la reputación como “la percepción que se despierta en el cliente y en el mundo empresarial cuyo objetivo principal debe ser generar confianza para adherirse de nuevos inversionistas o nuevas carteras de clientes”. La Real Academia de la Lengua Española se refiere al término como “prestigio o estima en que son tenidos alguien o algo”. Justo Villafañe señala que la reputación corporativa tiene que ver con el “cumplimiento de sus compromisos con relación a sus clientes, empleados, accionistas si los hubiere y con la comunidad en general”. Shakespeare afirma, en Ricardo II: “El más puro tesoro de los mortales es una reputación inmaculada. Perdida, los hombres no son más que una madera dorada y arcilla pintada”. Y finalmente, Bill Pendergast, presidente de Corporate Reputation Management, nos dice: “La reputación es el activo más importante de la empresa. Una reputación sólida y duradera se construye con el tiempo haciendo correctamente lo que hay que hacer a través de la organización, y consiguiendo el crédito apropiado por los logros”.[18]
La reputación tiene su asiento en un modelo compuesto de cuatro valores principales: a. el valor esencial (bien ser); b. el valor emocional (bien afectivo); c. el valor social (bien hacer), y el d. valor funcional (bien útil). El trabajo e interacción de cada uno de estos valores desencadena todo un cúmulo de beneficios en un plano personal y organizacional.
Pero los beneficios de la reputación corporativa pueden ampliarse también al campo de la política, pues este modelo sirve de sustento a la imagen. Con los logros y el cumplimiento fiel de los compromisos asumidos por los políticos (valor social + valor funcional), se inicia gradualmente la ruta de la recuperación de la credibilidad y de la confianza ciudadana, antes perdidas.
Del mismo modo que en Europa existe el Reputation Insitute[19] con la misión de preparar a los líderes empresariales en este importante valor, la creación de un instituto mexicano de reputación política –que eduque a los gobernantes en valores como la confianza, el honor y el patriotismo a la par de muchas otras enseñanzas sociales que le den sentido a su quehacer político--, podría garantizarle al ciudadano que sus autoridades están más y mejor preparadas para cumplir con su responsabilidad.
En definitiva, confianza y reputación son hoy el reto: binomio, principio y aspiración primordial para la clase política que desee convencernos de acompañarle por los vericuetos de la transición pacífica a la democracia, la paz social y el crecimiento económico de México. ¿Qué opina usted?


[1] Véase el índice de Confianza en las instituciones 2009, ranking nacional de Roy Campos en www.consulta.com.mx
[2] Conozca su Informe Anual 2008 en www.latinobarometro.org
[3] La encuesta “Acontecer nacional y Opinión Pública”, edición semanal Vol. X, No. 6, 15 de febrero de 2010, puede consultarse en www.bgc.com.mx Las instituciones más confiables conforme a este estudio fueron, en orden de importancia: El Ejército, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y, curiosamente, el Presidente de la República. Mitofsky ha ubicado dentro de los primeros tres lugares a la Iglesia y no a la figura presidencial.
[4] Es posible advertir un sensible descenso en los niveles de popularidad del presidente Felipe Calderón de un año para acá; no así de otras figuras públicas como la del gobernador Enrique Peña Nieto. Consúltese el IPC (Índice de Popularidad y Conocimiento), “Populómetro” de BGC, Ulises Beltrán y Asociados, publicado periódicamente en el diario Excélsior, como en www.bgc.com.mx
[5] El Universal, 10 de febrero de 2010. Véase en: http://www.eluniversal.com.mx/primera/34409.html
[6] Recomiendo visitar el siguiente blog de un servidor en el cual encontrará un ensayo al respecto donde se enlistan varios problemas nacionales que, en su conjunto, lastiman la imagen de México en el mundo: www.elvalordetuimagen.blogspot.com
[8] Una copia de su último informe de octubre, Reporte 2009, puede consultarse en http://www.hollandgateway.nl/downloads/0000/0006/Holland_2009_Nation_Brands_Index_Report.pdf
[9] En el siguiente blog puede leerse un artículo mío titulado “México 2010: ¿Hacia una nueva revolución?”, en el cual se citan nombres de grupos y movimientos de ultraizquierda interesados en descarrilar al país y derrocar a su gobierno actual: www.imagendelpoder.blogspot.com
[10] Ángela Montoya es la gerente de la campaña dirigida en distintos frentes y contó con un presupuesto de 10 mil millones de pesos. Excélsior, 23 de octubre de 2006. El sitio web de la campaña es www.colombiaespasion.com
[11] Su página web es www.yabajenle.org.mx
[12] Su página de Internet es www.lupaciudadana.com.mx
[15] La página de internet es www.somoslospatrones.org
[18] Citada esta última en Terry Hannington, Cómo medir y gestionar la reputación de su empresa, Ed. Deusto, Barcelona, 2006, p. 28.
[19] Véase su sitio web: www.reputationinstitute.org